GRACIA Y HERMOSURA
- Dec 11, 2018
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Engañosa es la gracia, y vana la hermosura; La mujer que teme a Jehová, ésa será alabada. Prov. 31:30
En un mundo donde se nos enseña que un buen aspecto se obtiene con ropa, ejercicio, maquillaje y una actitud atractiva, las mujeres de la iglesia debemos posicionarnos en la verdad para no caer en el error.
Debemos tener clara la manera en que la Escritura nos enseña a presentarnos ante Dios y abrazarla con determinación, porque solo así seremos recompensadas. Rom. 12.1
Pedro en el capítulo 3, versos 3-5 de su primera carta, anima a las mujeres de la Iglesia que aman al Señor, a poner gran atención en la forma de presentarse delante de Él para orar o llevar a cabo cualquier actividad en la congregación.
“Vuestro atavío no sea el externo de peinados ostentosos, de adornos de oro o de vestidos lujosos, sino el interno, el del corazón, en el incorruptible ornato de un espíritu afable y apacible, que es de grande estima delante de Dios”.
En la primera parte del versículo, Pedro está interesado en que las mujeres tengan una perspectiva correcta a cerca de lo que importa a la hora de presentarse delante de Dios; ya sea individualmente o cuando se reune con la Iglesia.
Deja en claro que a pesar de que el atavío externo es vital, no es lo que debe ocupar completamente la mente de la mujer Cristiana. Escribe a las hermanas de la Iglesia diciéndoles que su corazón debe estar alineado con su creador en la verdad, según sus términos, de una manera real y no de una manera fingida.
Las mujeres de ese tiempo, para la hora de la oración, se arreglaban con sus mejores vestidos, se ponían sus mejores joyas y sus mejores peinados, pues ellas pensaban que esta era una manera correcta y agradable a Dios. Quizás ellas no solo pensaban que esto le agradaba a Dios sino que él recibia esto como una ofrenda grata.
Contrario a esto, Pablo encarga a Timoteo que corrija estas formas de pensar dentro de la iglesia. Que enseñe la verdad acerca del tipo de atuendo que agrada a Dios y motive a las mujeres a invertir su tiempo y trabajo en el tipo de vestido que el Señor ve agradable.
…sino el interno, el del corazón, en el incorruptible ornato de un espíritu afable y apacible, que es de grande estima delante de Dios”.
Partamos desde el punto de que no podemos ser verdaderamente hermosas si no hemos cultivado en nuestro interior un espíritu afable y apacible.
El mejor vestido, el que aporta esa belleza y hermosura para presentarse al Señor, se crea cultivando estos dos atributos; y la falta de ellos puede llevarnos a deshonrar a Dios y a nuestros propios cuerpos, mostrando incluso, desnudez espiritual.
Pero, ¿que tienen que ver estas dos palabras con la ropa y con nuestra apariencia? ¡Mucho!
Pablo está dejando ver que el vestido con el que Dios quiere que cada mujer se presente ante Él abarca, no solo lo que cubre su cuerpo físico sino también su carácter.
Ser de un espíritu afable y apacible significa ser una mujer en quien el Señor es el centro. Es decir, que todo lo que hace, gira en torno a él y esto afecta su conducta, sus palabras y sus intenciones.
Una mujer con un espíritu afable es aquella que es serena pese a cualquier circunstancia en su vida, pues sabe que Dios está bajo el control de todo lo que sucede debido a su devoción El. ¿Que quiero decir con esto? ¿que nunca tiene miedo y que nunca le afectan los problemas? No, significa que ella no pierde la cabeza, no es impulsada por sus emociones a actuar de mil maneras, significa que no hace su propia lucha sino que rinde todo su ser al Señor, encontrando consuelo y ayuda en Él. Y esta es la manera en la que se presenta a Dios. No con máscaras de fortaleza ni un espíritu abatido sino cómo una mujer cuyo bien proviene solo de Dios.
Volviendo al pasaje, Imagino que dentro de estas mujeres, había muchas cosas buenas, pero otras incorrectas que les impedían que su corazón estuviera en esa paz con Dios. Quizás había orgullo, rebeldía, ira, gritería, rencor, o tal vez tristeza, desesperanza y temor, quizas algunas de ellas tenían problemas con sus hijos o sus negocios, pero ellas no ponían atención a nada de eso, no lo veían como algo que les impidiera ofrecer una verdadera adoración a Dios. Al contrario, trataban de verse lo mejor posible para la hora de reunión, tapando todo eso con su aspecto físico. Ellas no iban al Señor con un corazón sincero, rendido a Él. Ellas evitaban de esta manera que el señor pudiera obrar en ellas y a través de ellas.
Por supuesto, Dios veía a esas mujeres, pero ¿que veía dentro de ellas? ¿Su intento de devoción? ¿Su interés por mostrarse perfectas por medio de ropa, peinados y joyas? O, veía su desnudez y necesidad de Él?. Creo que Él veía todas ellas y por eso, por medio de la sabiduría de Pablo, quiso corregirlas y dejar esta instrucción a perpetuidad para nuestra propia edificación.
¿Sabes? Creo firmemente qué hay tres cosas que el Señor ve en el interior de cada mujer cuando nos acercamos a Él con un corazón devoto.
1. Ve a la mujer que él creo en el eden. Hecha para expresar atributos de Dios y colaborar con el, siendo una ayuda idónea para llevar a cabo su plan en la tierra.
2. Ve una mujer caída, llena de mentiras que Satanás ha implantado en su mente, limitando e incluso alejándola de su propósito eterno.
3. Ve a una mujer redimida por la sangre de su hijo. Ve una mujer que está siendo transformada, a su imagen y semejanza, cómo era en el principio. Una mujer que necesita escuchar continuamente su voz para no alejarse de su propósito y de su esencia.
Con estos tres puntos, quiero decirte que el Señor te ama verdaderamente, ama tu esfuerzo a la hora de presentarte delante de él cuando oras o te reúnes en la iglesia; quiero decirte que está consiente de todo lo qué hay dentro de ti. Bueno o malo. Sabe que le amas pero también sabe tu condición caída y cada una de tus necesidades y él quiere enseñarte a no tratar de ocultar la condición de tu corazón cuando te presentas ante Él para que pueda limpierte y vestirte de honor.
Solo una mujer con un espíritu afable y apacible puede cumplir con los propósitos de Dios.
Incluso en los últimos tiempos aquellas mujeres que no se acerquen a Dios con un corazón sincero fracasarán y apostatarán de la fe.
¿Puedes ver la manera en que Pablo les enseñó a hacer esto?
1. Lo hizo enseñando la verdad. Les mostró la manera adecuada de presentarse ante el Señor siguiendo las pautas de lo que les escribió. Las Instruyó acerca de cosas básicas de la vida de una mujer, diciéndoles que Dios ve lo qué hay en lo profundo, sea bueno o sea malo. ¡Y no solo lo ve! él lo aprueba o lo reprueban, según sea el caso; y no solo lo reprueba o lo aprueba, sino también lo quiere corregir o recompensar.
2. Atacó los argumentos falsos que el mundo había establecido en su manera de pensar e implantó la verdad en sus mentes para que ellas pudieran entenderlo y llevarlo a cabo.
3. Las animo a ver más allá de lo que los ojos del hombre pueden ver. Si continuamente veían hacia su interior, a la luz de la Palabra, podrían ver todo aquello que no reflejara un espíritu afable y apacible y que les impidiera llevar a cabo su servicio a Dios.
¿Qué hay dentro de ti que has intentado ocultar con ropa, accesorios, argumentos o con cualquier otra cosa y te hace aparecer con un vestido inadecuado delante De Dios?






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