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Algo sobre el ministerio de niños.

  • Feb 18, 2018
  • 3 min read

Dentro de mis peticiones de oración, el año pasado estaba una respecto a la Iglesia Local a la que pertenecemos. El señor me confirmó el empezar a participar como maestra en el ministerio de niños. Aunque en la iglesia a la que pertenecí antes de venir al cuarto de oración estuve participando en el area musical de niños, no me sentía tan competente para enseñar, sin embargo, como lo escribí arriba, el Señor confirmó esta nueva tarea, incluso por media de profecía y desde principios de este año estoy participando con el equipo de maestras.

Aunque el equipo es pequeño y los niños bastantes y con mucha energía, hemos podido ver en nosotras la gracia de Dios para abarcar los temas que corresponden.

Llevamos tres meses hablando de la importancia de Leer, Escribir, Declarar, Cantar, Orar y Meditar las escrituras y como ser Llenos del Espíritu de Dios para poder tener así fruto en nuestras vidas


Lo que voy a escribir a continuación siempre lo dicen los predicadores y como maestras creo que es igual. La clase en primer lugar es para nosotras. Me di cuenta de esto una noche mientras preparaba una actividad para el siguiente día.

Estaba en mi pequeña sala, pensando en mil cosas y de repente una idea llego a mi mente. “Es tu labor representarme y darme a conocer a esos niños, de una manera fiel”.

Es decir, Cada vez lque me paro frente al grupo tengo la oportuna responsabilidad de mostrarles a esos niños, con todo mi ser, quien es Dios.

Esto impresionó mucho mi corazón y me hizo preguntarme qué grado de conocimiento y experiencia tengo de Dios y cuánto de lo que creo tener esta lleno de fidelidad a su persona. Es decir, cuánto de lo que digo acerca de Dios es un testimonio fiel y no es mi religiosidad o mi concepto acerca de Dios. Jesus dijo: El que me ha visto a mi, ha visto al Padre. Entonces, ¿Cuánto de lo que digo delante del grupo lleva inmersa era frase?

En una clase tocamos el tema de como vencer la tentación de satanas en nuestras vidas, y obviamente, aprendimos que es a través de las escrituras, tal como lo hizo Jesus. Sin embargo, es fácil decir a un niño lo que uno cree y el lo creerá, es fácil decirle a un niño como lo debe hacer y el en algún momento, tarde o temprano, si lo necesita, tratara de aplicarlo; pero esto no significa que la manera en que lo digamos es la adecuada o sea la más fiel a la manera de Dios. ¿Que quiero decir con esto? Me di cuenta en las primeras clases, que comencé usando las palabras: “Tienes que, debemos que” y me pareció que estaban mostrando un Dios capataz que solo ordena que se debe hacer y si no se hace nuestra el castigo. Cada vez que de mi boca salían estas palabras, Dios me redargüia. Sentía que no estaba siendo fiel con la personalidad de Dios; pues Cuando no he sabido que hacer en mi vida o he pasado por momentos difíciles, Dios nunca me ha respondido con un; ¡tienes que hacer esto! ¡Debes hacer aquello! El me ha respondido con instrucción. El me ha guiado con su disciplina. El me ha aconsejado, me ha dejado ver su amor por medio de su palabra y me ha hecho entender que es lo que conviene más a mi vida y entonces es que tomo la decisión de hacer algo en su sabiduría, no por mandato sino por amor.

Esto ha estado moviendo mi corazón a poner atención a la forma de enseñanza de Dios. Porque es mi labor ser una copia de Dios en el momento de enseñar a cada pequeño y mucho más a mi hijo.

En cada también ha sido difícil, Josué cada día crece y cambia, cada vez se vuelve más independiente y más expresivo respecto a sus preferencias y decisiones y es mi responsabilidad encausarlo según el modelo de enseñanza de Dios para no desvirtuar la disciplina y la amonestación del Señor en su vida. Es obvio, yo quiero mandar y tener el control, prefiero decir lo que deben hacer sin refutar y esperar a que ellos lo hagan, sin embargo está no es la manera de Dios, el no enseña así; su paciencia, misericordia y sabiduría siempre acompañan su persona.

Continuará…


 
 
 

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